LONDRES (FGIC-UK) - Desde el domingo pasado, ciudadanos británicos como Joan y Daryl Sherry dos jubilados de Stockport en Cheshire, han sido hostigados con mensajes registrados en inglés y chino con mensajes de propaganda comunista china. En el cierto momento, los mensajes llegaban cada 5 minutos. El Sr. Sherry dijo que los mensajes "ponían la carne de gallina, eran extraños y raros acompañados de una música militar". Esta es la última táctica de las autoridades chinas en su campaña para extender en el extranjero la persecución de la práctica popular y pacífica china de Falun Gong, con el fin de intimidar a los practicantes de fuera de China y a sus familias. Hogares de toda Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia e incluso Sri Lanka fueron el blanco.
Esta campaña de hostigamiento telefónico, organizada por la maquinaria de propaganda del Estado chino, utilizó los artículos escritos por Associated Press que Pekín publicó la última semana basados en la propaganda anti-Falun Gong, directamente procedentes del Estado chino mismo. La manipulación de estos documentos como instrumento de propaganda telefónica muestra claramente el peligro de los medios de comunicación, que utilizan esta propaganda para desacreditar su estatuto de independencia y los convierte en accesorios de estos odiosos crímenes y apoyo del genocidio.
El régimen trabajó sin tregua durante años para desacreditar y diabolizar a Falun Gong y ponerlo en contra de la opinión pública. Animado por la falta de difusión popular de los medios de comunicación occidentales sobre los cinco años y medio de persecución de 100 millones de practicantes del Falun Gong en China, así como por la actitud atenuada de los países occidentales sobre su violación de los derechos humanos, el Partido Comunista chino se siente ahora con confianza indiscutible para ridiculizar las leyes y los límites soberanos del Reino Unido y de otros países democráticos con el fin de exportar sus mentiras y sus maniobras de intimidación.
La propaganda anti-Falun Gong impidió a los medios de comunicación occidentales cubrir la persecución a gran escala de millones de practicantes en China. Más de 100.000 personas han sido detenidas ilegalmente en campos de trabajo, prisiones y hospitales psiquiátricos sin juicio. Los casos de torturas y asesinatos de practicantes no están siempre acreditados.