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Negar con rectitud a las viejas fuerzas Por un practicante de Falun Dafa del noreste de China El perverso régimen comunista detuvo a mi hermano en mayo de 2000 por practicar Falun Gong y seguir los principios de Verdad, Compasión, Tolerancia. La detención rompió una familia feliz con una madre mayor, una mujer afectuosa y un bebé de nueve meses. La desaparición de la renta salarial causó terribles problemas para la familia. Fui a explicar la verdad a los miembros del partido perverso y pedí la liberación de mi hermano, y como repuesta fui amenazado, insultado, intimidado y me denegaron el permiso de visita. En estas circunstancias, se agotaban todos los medios legales posibles, la familia recurrió a la protesta pública para proclamar nuestra inocencia. Clarificamos la verdad en los lugares públicos para salvar a los seres sensibles. Mis compañeros de práctica participaron en la coordinación y eso duró alrededor de una semana. Al principio, parecía que nos coordinábamos bien como grupo, fuimos capaces de esquivar a diario varias intrigas siniestras para incriminarnos y extender un poco más la persecución. Desgraciadamente, unos días más tarde, a causa de diversos apegos humanos y grandes fallos en nuestro esfuerzo de coordinación, perdí la ventaja y fui arrestado. Una vez arrestado, un compañero practicante sintió la urgencia de la situación e inmediatamente informó a los coordinadores de la región. En un corto período de tiempo, más de diez practicantes se habían reunido en la vecindad y formaron un cuerpo unificado para empezar una tentativa de rescate urgente. En el interior de la comisaría, el director me gritaba. "¡Ya verás!". Solemne y tranquilamente, le razoné: "No tiene por que gritar. Póngase en mi lugar. Si un pariente suyo fuera injustamente detenido, ¿cómo se sentiría? ¿Es que hay algo malo en defender la inocencia de mi hermano? Detuvieron a mi hermano y ahora me han arrestado a mí. La gente puede ver con sus propios ojos que violan a sabiendas la ley". El director estaba absorto y ya no tenía nada que decir. Dio media vuelta y se fue. Después de eso, llegó otro policía. Golpeó furiosamente sobre la mesa y gritó: "Aunque nos equivocaramos deteniendo a su hermano, ¿qué podemos hacer? Hoy los hemos detenido una vez más – si queréis apelar, sois libres de hacerlo. Voy a encerraros detrás de la puerta metálica. Lo que digo tiene la fuerza de la ley os guste o no". Con estas palabras, pidió a los guardias abrir la puerta de hierro. Con una creencia aún más firme en el Maestro y en Dafa, respondí enérgicamente que no era nadie para darme órdenes. Pensaba en mi corazón, lo que cuenta es lo que el Maestro ha dicho. No tendría que estar en este lugar porque no he hecho nada malo; yo no he violado la ley. La prisión es un lugar para los criminales. El policía respondió: "Lo que digo tiene la fuerza de la ley." Con pensamientos rectos, pensé que quien decía esto no contaba, quien se prepara para hacer algo, tiene que pensarlo dos veces antes de empezar. No debería poner esa carga sobre sus hombros. Inmediatamente, la perversidad que lo dirigía desapareció. Ni siquiera se atrevía a enfrentárseme. Su actitud cambió y con una sonrisa, pidió a los dos guardias que me dejaran sentar fuera y esperar. Cuando vieron que no podían obtener nada por la fuerza, cambiaron de táctica y enviaron a otro policía que me conocía. Este oficial comenzó a dar una patada y a golpear a los detenidos para demostrar su autoridad. Le hice frente con pensamientos rectos. Más tarde, este funcionario comenzó a discutir sobre algunos incidentes sociales pasados. Fui afectado por el sentimiento. Inmediatamente la perversidad reapareció y reveló sus verdaderos colores. Sentí que las cosas no eran justas. ¡Cómo podía poner mi confianza y mi esperanza en esta persona! Nuestro gran y benévolo Maestro lo aclaró con el poema "No estén tristes": El cuerpo yace en prisión –no se aflijan, no estén tristes 13 de enero de 2004 (Hong Yin II)
En el taxi que me traía a casa, el miedo seguía reapareciendo para atormentarme. Tenía miedo de que la perversidad me siguiera, me intimidara y me acosara. Aunque hubiese querido clarificar la verdad en el vehículo, el miedo me abrumaba. Cuanto más miedo tenía, más insoportable se volvía. Me dije en mi corazón: "Deja pasar el tiempo, hazlo en otro momento cuando las condiciones se vuelvan más estables". Hasta que todos los pasajeros no bajaron y me quedé sólo con el conductor, rápidamente me di cuenta de que la secuencia de mis pensamientos no era justa - ¿Soy realmente yo quien piensa así? ¿Es esto aprovechar cada ocasión disponible? ¿De qué tengo miedo? Tengo el apoyo de nuestro gran benévolo Maestro. Cultivo el Fa más virtuoso. Hace algunas horas, ¿es que no rogaba pidiendo la ayuda del Maestro para escapar de la presión de la perversidad para salvar a los seres vivos? Con este corazón egoísta ¿puedo ser un discípulo de Dafa de la rectificación del Fa? Con estos pensamientos, el Fa abrió mi sabiduría; le expliqué la verdad al conductor y estuvo de acuerdo a renunciar a los tres niveles del malvado Partido Comunista. También tomó la iniciativa de hacer renunciar a su mujer y sus hijos. El conductor estuvo de acuerdo en contactar con los discípulos de Dafa locales para adquirir y leer los documentos de aclaración de la verdad. Después de haber hecho lo que debía que hacer, el miedo desapareció.
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