Una historia de abrigo en la ciudad de Weifang, en la provincia de Shandong en China

En el año 2000, fui detenida en el centro de detención de la ciudad de Weifang por haber participado en una manifestación pacífica en Beijing contra la persecución de Falun Gong. Afortunadamente otra persona practicante se ocupó de mi hija que entonces tenía sólo diez años de edad. Un día, durante mi estancia en el centro, un jefe del despacho del Procurador saludó a una de sus amigas desde el otro lado de la barrera. Unos días más tarde, su amiga me envió a través de un intermediario una manta de algodón, un abrigo grueso y 500 yuanes (1). No quiso facilitarme su nombre. Me pidió que me lo pusiera diciendo: “Tu cara muestra que tienes mucho frío”.

Me puse el abrigo y enseguida entré en calor. Al rato, me llegó un sentimiento que venía desde lo más profundo de mí; el calor del abrigo me produjo una sensación de bienestar en este centro tan sombrío, malévolo y frío. Dafa estaba conmigo y me hizo sentir mi corazón apacible. Conozco la verdad sobre Falun Gong y lo que el ex Presidente Jiang Zemin y su régimen han hecho tratando de manchar y de calumniar constantemente. Por lo tanto, resultaba alentador ver una acción justa hacia Falun Gong.

Más tarde supe que la amiga del jefe de sección era la vecina de mi jefa que había tenido un papel principal en mi persecución. Tenía costumbre de enviarle libros de Falun Gong y otras informaciones, pero siempre los ponía de lado y me decía: “¿Qué haces? Me molesta creer que continúas enviándome este material en estos momentos”. Y su vecina que andaba por allí por casualidad tomaba los libros y los materiales y decía: “Déjame leerlos”.

La verdad es que la vecina de mi jefa leyó el libro y le gustó. Tomó la decisión de hablar con mi jefa acerca de mi situación y más tarde pidió a su amigo, que trabaja en el despacho del Procurador, me hiciese llegar el jersey, el abrigo y el dinero.

Notas
(2) Yuan es la moneda oficial china; 500 yuanes es igual al salario medio de un trabajador urbano

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