Lat 33 (Chile): Bo Xilai – El temible ministro chino que viene a Chile

El 15 de noviembre de 2004, Lat 33, una revista mensual en Chile que cubre asuntos de la política, la economía, las artes y diferentes temas sociales, publicó un artículo de 4 páginas escrito por María Eugénia Fernandez respecto a Bo Xilai y su implicación directa en la persecución de Falun Gong en China. Esto que sigue es un extracto.


El poderoso ministro de Comercio de China viene a Chile para la cumbre de la APEC, en momentos en que recaen sobre él severas acusaciones en materia de derechos humanos, producto de la persecución al movimiento espiritual Falun Dafa, con miles de torturados, muertos, personas sometidas a trabajos forzados o internadas en siquiátricos. ¿Podría ocurrirle lo de Pinochet y ser detenido en Santiago? (…)


Desde hace cinco años, Bo Xilai ha participado en la persecución del movimiento espiritual Falun Dafa, una “práctica de cultivación” que propone el estudio de tres principios (“Verdad”, “Benevolencia”, “Tolerancia”), junto con cinco ejercicios parecidos a los del yoga, para enriquecer la vida interior de las personas (ver recuadro).

Según Amnistía Internacional, desde que en 1999 el movimiento Falun Dafa fue prohibido en China, 800 personas han muerto como consecuencia de las torturas, decenas de miles han sido detenidas y llevadas a campos de trabajos forzados sin juicio u obligadas a internarse en hospitales siquiátricos, y 500 personas han sido condenadas a dieciocho años de prisión.

Lluvia de demandas

Falun Dafa denuncia que, sólo entre 1999 y el 2000, cuando Bo Xilai era alcalde de la ciudad de Dalian, murieron allí por lo menos quince adherentes a este movimiento, siendo ése uno de los lugares en que se lo reprimió más duramente. Entre el 2000 y el 2004, Bo fue gobernador de la provincia de Liaoning, donde en diciembre del 2003 se habían confirmado noventa muertes producto de la misma represión: el cuarto lugar en el país. Seis meses después de decretarse la ilegalidad del movimiento, Human Rights Watch declaró que el 13 por ciento de los detenidos residía en la provincia de Liaoning.

Desde el ex Presidente Jiang Zemin hacia abajo, numerosos funcionarios o ex funcionarios chinos enfrentan querellas en el extranjero por genocidio, tortura y crímenes contra la humanidad. Bo es uno de los que encabezan la lista. ¿El fundamento? La violación de las leyes internacionales sobre derechos humanos, y de la Convención contra la Tortura de la ONU, firmada y ratificada por China en 1988.

En agosto pasado, mientras Bo viajaba por Rusia, fue sorprendido por un grupo de ciudadanos chinos que presentó una demanda por su persecución a Falun Dafa. No era la primera vez que le ocurría. En junio de este año, estando en Polonia, fue acusado judicialmente por crímenes contra la humanidad. En marzo pasado debió suspender su visita a Alemania por las protestas en su contra. Tiene acusaciones, además, en Inglaterra, donde se pide que sea nombrado persona non grata, como último recurso ante una situación difícil: Bo Xilai goza de inmunidad diplomática por ser ministro.

En abril, cuatro ciudadanos chinos presentaron una querella en Estados Unidos. “Todos ellos estaban sujetos a la jurisdicción y autoridad de Bo Xilai como gobernador de Liaoning, y sufrieron y fueron maltratados con el apoyo y la supervisión de Bo”, dice el texto de la demanda. En octubre, la Cámara de Representantes estadounidense aprobó la Resolución 304, que exige investigar a agentes consulares chinos que abusan de ciudadanos y residentes norteamericanos que practican o apoyan a Falun Dafa. También pide la libertad de presos de conciencia y el fin de la persecución en China.

Penas de “reeducación”

Los organismos internacionales de derechos humanos han seguido de cerca estos hechos. En el 2002, Amnistía Internacional denunció que los juicios contra seguidores de Falun Dafa eran secretos, que sólo unos pocos eran difundidos y que en ellos no había evidencia de que los hechos juzgados constituyeran crímenes, según los estándares internacionales.

Por otro lado, un informe realizado el mismo año por Human Rights Watch estableció que eran muy pocos los miembros de Falun Dafa encarcelados que habían sido arrestados legalmente. También denunció que cerca de diez mil personas habían sido sentenciadas a penas de “reeducación” muy severas, y reveló que los abusos contra los detenidos incluían golpes, electroshocks, alimentación forzada y administración de drogas sicotrópicas.

El practicante de Falun Gong Sr. Tan Yongji, quemado por la policía con hierros calientes

Algunos casos de personas torturadas se han vuelto emblemáticos, como el de Tan Yongjie, un miembro de Falun Dafa de la provincia de Guangdong, quien terminó con más de diez quemaduras de grado tres en sus piernas. Tan tuvo que volar a Estados Unidos para tratarse en Houston, donde los doctores le implantaron piel para que las llagas cerraran. Dos meses después sus heridas todavía eran demasiado chocantes como para mirarlas.

Una de las dificultades que han enfrentado estas demandas es que China es una gran potencia, que ha crecido a un ritmo infernal que promedia el nueve por ciento anual desde 1986, según el Banco Mundial, y la sola posibilidad de negociar con un mercado gigante de 1.300 millones de personas suele hacer que se obvien o se olviden las persecuciones que allí ocurren (…)

Millones de practicantes

En el caso de Falun Dafa, luego de la presentación del movimiento en 1992, el gobierno lo apoyó para disminuir los altos gastos en salud. Pero todo cambió cuando en 1998 una encuesta mostró que 70 millones de chinos lo practicaban. La teoría manejada en el movimiento es que el número superaba en popularidad al Partido Comunista, y Jiang Zemin, el Presidente en esos años, habría visto opacado su liderazgo, tesis que comparte Human Rights Watch.

En 1996 comenzó una campaña de prohibición de libros, y al año siguiente se inició el acoso policial. Hasta que en 1999, en pleno día, policías armados atacaron a cientos de practicantes en la ciudad de Taijin y detuvieron a 45 de ellos. Dos días después, diez mil personas se reunieron pacíficamente en la plaza de Tiananmen para exigir su liberación. Las medidas han llegado hoy al punto de cerrar sitios de Internet y detener a ciudadanos de otros países en las embajadas o consulados chinos.

Según Amnistía Internacional, desde 1999 cuando el movimiento Falun Dafa fue prohibido, más de 800 miembros de Falun Dafa han muerto por torturas, decenas de miles han sido detenidos y llevados a campos de trabajos forzados, sin juicio, u obligados a internarse en hospitales siquiátricos, y 500 han sido condenados a 18 años de prisión.

¿Qué es Falun Dafa?


Falun Dafa o Falun Gong no es un culto ni una religión, sino una práctica de cultivación. Como práctica, es el desarrollo del cuerpo a través de cinco ejercicios. Como cultivación, el mejoramiento del espíritu y la mente a través del estudio de tres principios universales: verdad, benevolencia y tolerancia.

Como la medicina china, Falun Dafa es antiguo: la tradición indica que durante siglos fue transmitido de maestro a discípulo en las montañas y en lugares remotos de China. Pero fue en 1992 cuando su líder, Li Hongzhi, lo enseñó en una serie de seminarios organizados por el mismo gobierno chino, y desde ese año hasta 1999 sus adeptos aumentaron de forma explosiva: se contaban entre 70 y 100 millones en sesenta países, según la propia organización.

El movimiento declara no tener intereses o fines políticos. La participación es libre y se enseña voluntaria y gratuitamente. En Chile aún es poco conocido, y se tiende a asimilar con el yoga o el tai- chi.

Los practicantes de Falun Gong mejoran su salud fisica y mental gracias a la práctica de las cinco series de ejercicios

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A mediados de año, la representante de Falun Dafa Pía María Sandas vino a Chile para mostrar esta realidad. Cinco medios le dieron cobertura al tema, pero sólo en sus aspectos “espirituales”. Ninguno habló de las violaciones a los derechos humanos. “Noté que los medios no querían tocar el tema de la persecución para no contrariar el gran poder económico chino. Es muy triste que los beneficios económicos importen más que las vidas de seres humanos”, comentó Sandas, apesadumbrada.

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