Li Mi: Primer Ministro daoista de la dinastía Tang

Li Mi (722-789) sirvió fielmente a cuatro emperadores de la dinastía Tang mientras tuvo una importante posición en la corte. Se dedicó a ayudar a los emperadores para derrotar a los rebeldes cuando el Estado estaba en crisis. Mientras la corte y el Estado lograban suficiente estabilidad, Li se apartaba de sus funciones.

Li Mi (722-789) conocido como un caballero tranquilo justo y compasivo de la dinastía Tang

Li Mi era conocido como un caballero tranquilo, justo y compasivo. Como su inteligencia se mostró temprano, decían que había sido un "niño prodigio", porque con solo siete años, compuso un escrito frente al Emperador.

El entonces Primer Ministro apreció su talento y a menudo lo invitaba a jugar en su jardín. Una vez, después de escuchar al Primer Ministro que intentaba promover a un obediente y lisonjero funcionario, Li preguntó: "Usted es de origen humilde, se convirtió en Primer Ministro por su honestidad y buenas acciones, ¿por qué prefiere un adulador?". Esta observación alertó al Primer Ministro y de inmediato corrigió su error.

Cuando Li Mi creció, el Emperador le ofreció un puesto en la corte, después de leer sus propuestas sobre los asuntos nacionales. Sin embargo, Li Mi lo rechazó cortésmente, alegando que era demasiado joven para ser un funcionario del gobierno. Más tarde aceptó ser tutor del príncipe, pero como un amigo privado en lugar de tomar un título oficial.

Después de haber escrito algunos poemas burlándose de un canciller autoritario, Li Mi fue echado fuera de la capital. Desde entonces, eligió vivir como un ermitaño taoísta.

Cuando el príncipe subió al trono, el Estado estuvo convulsionado con rebeliones generalizadas. Con muy pocos funcionarios públicos confiables y oficiales militares, Li Mi fue llamado para asistir a la corte y le ofrecieron sentarse al lado del Emperador en el tribunal de asuntos nacionales. Li aceptó, pero vestido de ermitaño.

Con la ayuda de Li Mi, la rebelión fue sofocada y el Emperador quedó muy contento. Pero Li decidió abandonar la vida de la corte y regresar a su vida de ermitaño daoísta, a pesar de la oferta y la súplica del emperador pero lo.ayudó el cumplimiento de las leyes e hizo juicios justos. Una vez que la paz fue reconstruida dejó la política para buscar el verdadero sentido de la vida. Aunque a veces es visto como un excéntrico, ganó gran respeto entre los intelectuales de China.

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