Falun Dafa cambió a mi familia

Crecí con una personalidad testaruda. Después de casarme, fui incapaz de llevarme bien con mi marido y sus parientes. Discutiamos con frecuencia. Algunas veces hasta llegamos a tener peleas físicas. Más adelante, nuestra familia tuvo que mudarse de la casa de mis suegros. (Nota del editor: en la familia china tradicional, es muy común, más aún es lo esperado, que un hijo y su esposa viven con alguno de sus suegros).

Sin embargo, un día, me di cuenta de que mi esposo había cambiado. Ya no me contestaba cuando lo molestaba, en cambio, seguía sonriendo. Mi marido era hijo único en su familia y estaba acostumbrado a ser atendido por otros. Ahora, hacía la mayor parte de los quehaceres del hogar hasta cocinar. Me preguntaba que lo hizo cambiar tan drásticamente. Más tarde, me dijo que había empezado a practicar Falun Gong, también conocido como Falun Dafa. Dijo que era una práctica realmente muy buena y me comentó que debería practicarla también.

Un día en 1996, mientras estaba sola en casa, cogí unos de los casetes de la conferencia del Shifu Li, el fundador de Falun Gong. Comencé a escucharlos, uno trás otro. Sentí que el Shifu era tan culto y que sabía todo. Por primera vez en mi vida, comprendí el significado de la vida. Estaba tan emocionada, que hablé con mi marido sobre ello hasta medianoche.

Cuando comencé a practicar Falun Gong, empecé a seguir el principio de Verdad-Benevolencia-Tolerancia en mi día a día. Trabajé diligentemente en mi lugar de trabajo, no me aproveché de ninguno de los beneficios de la empresa. No competí por las promociones y siempre consideré a los demás primero.

También nos mudamos de nuestro apartamento de vuelta a la casa de mis suegros. Al principio, mis suegros no podían creen que yo había cambiado realmente, pero vivíamos juntos en armonía para ese entonces.

Viendo los cambios positivos que habían ocurrido en mí, mi suegra también comenzó a practicar Falun Gong. Ella había padecido de cáncer de mama. Después de la cirugía por el cáncer, los músculos de uno de sus brazos se habían atrofiado. Su salud era tan delicada, que tomaba medicamentos todos los días. Pero se recobró del todo al comenzar a practicar Falun Gong. Ya no necesita más medicamentos y esta llena de energía. Mi hijo tenía unos dos años en aquel entonces. Shifu abrió su ojo celestial y él podía ver a través de las cosas. Se convirtió en un joven practicante.

Cuando comenzó la persecución de Falun Gong, los cuatro practicantes de mi familia fuimos a la Plaza Tiananmen en Beijing a protestar por la injusticia. Sin embargo, me sentenciaron a diez años de prisión en 2002. Mientras estaba lejos de casa, mis suegros y mi marido llevaban a mi hijo a visitarme. Mi familia se volvió más armoniosa y sólida.

Gracias Falun Dafa por darme una familia feliz.

Versión en inglés disponible en: http://en.minghui.org/html/articles/2015/3/16/149356.html

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