CIFD: De pobre a rica a ser torturada en campo de trabajos forzados chino

Relato personal de una mujer sobre el notorio Campo de Trabajos Forzados Wanjia en China y la extraordinaria resolución por la que obtuvo su libertad
 
TORONTO (CIFD) – La siguiente historia es verdadera y cada nombre es real. Es la historia de una exitosa mujer de negocios quien estuvo ilegalmente prisionera, durante nueve meses, en uno de los campos de trabajo más brutales de China, Wanjia. Es una historia de golpizas y torturas; de supervivencia y perseverancia, y es un testimonio del poder de sus creencias.
El nombre de esta mujer es Yuzhi Wang. Su edad, 47 años. He aquí su historia…



Los primeros años


Yuzhi Wang es una exitosa mujer de negocios quien sufrió golpizas y torturas durante nueve meses mientras permanecía detenida en Wanjia, el notorio campo de trabajos forzados chino, simplemente por practicar Falun Gong.
familia es oriunda de la ciudad de Harbin. Yo tenía 15 años cuando la Gran Revolución Cultural barrió con China. Mi padre estuvo en la cárcel por ser un “antirrevolucionario” – jerga Maoísta para cualquiera con educación, dueño de tierras o poseedor de valores tradicionales – y mi madre quedó al cuidado de ocho niños, sin fuente de ingresos.
Afortunadamente, dos de mis hermanos pudieron ganar suficiente dinero lavando ropa en la rivera del Río Songhua, para mantener alimentada a la familia. Mi madre estaba demasiado deprimida y enferma para cocinar, de modo que yo asumí la responsabilidad de cocinar para la familia.
Solía llevarle a la prisión, comida a mi padre, y aún puedo recordar verlo detrás de las rejas – oscuro y macilento pero siempre apasionado y positivo. A pesar de las dificultades extremas en mi vida, siempre mantuve el entusiasmo, inspirada en la actitud de mi padre.

“La Pandilla de los Cuatro” fue removida del poder en 1976, y la vida comenzó a cambiar. Mi padre fue liberado de la prisión, y mis dos hermanos mayores fueron aceptados en la universidad, junto a mi hermana menor. Yo me quedé como proveedora del resto de la familia, incluyendo a mis padres enfermos. Obtuve un trabajo haciendo borlas para toallas, y fui tan eficiente en mi trabajo que pude ganar entre 200 y 300 Yuanes al mes. Esto era suficiente dinero para proveer alimento para toda la familia y matrículas de estudio para mis hermanos y hermana.

Mi vida mejora

Mi vida comenzó lentamente a cambiar en 1979. Trabajaba en una compañía electrónica, y la compañía decidió enviarme a la universidad. Después de graduada, regresé a la fábrica a trabajar como ingeniera. En 1989, la compañía quebró entonces mi esposo --a quien conocí en la universidad -- y yo, iniciamos nuestro propio negocio de importación de artículos para oficina. El negocio resultó tan bueno que las utilidades de la compañía se duplicaban continuamente. Mis problemas, finalmente, habían terminado – tenía una casa, un auto, un buen negocio y un matrimonio feliz.
También tuve un hermoso hijo.

En ese entonces, mi familia estaba bien financieramente. Mi padre había comenzado su propia fábrica y continuó así hasta convertirse en uno de los primeros millonarios chinos. Dos de mis hermanos se fueron de China – uno a Philadelphia y el otro al Medio Oriente. Mi madre se trasladó a los Emiratos Árabes Unidos con mis dos hermanas menores. Todos mis hermanos y hermanas tenían negocios prósperos. Financieramente, la vida estaba bien.


Yuzhi con su hijo, Pengpeng, en Shenzhen, China, 1998.
En 1998, mi vida experimentó otro cambio increíble cuando uno de mis clientes me dio una copia de Falun Gong de China – el texto introductorio de Falun Gong (sitio web. Cuando tomé el libro, no tenía idea cuán dramáticamente cambiaría mi vida.

Comencé a practicar Falun Gong y a observar enormes cambios en mi vida. Durante años había sufrido de una enfermedad debilitadora que ocasionalmente me podía ocasionar el descontrol súbito de mis piernas y hacer imposible el caminar. Había visitado innumerables doctores tanto chinos como occidentales, pero ninguno de ellos pudo determinar la causa de mi enfermedad. Tres meses después de comenzar Falun Gong, mi enfermedad había desaparecido totalmente.
Comencé a estudiar los libros de Falun Gong diligentemente, y hacía los ejercicios de Falun Gong con amigos en un parque local. En el proceso de practicar Falun Gong me sentí limpia de muchos pensamientos y emociones negativas que había acumulado durante mi vida. Dejé que gradualmente mi cuerpo y alma se sanaran y armonizaran como nunca antes. Mi vida cansada se tornó feliz y finalmente estaba en paz. Me sentía tan afortunada de poder aprender un ejercicio chino y una práctica de meditación originada en las antiguas tradiciones de mi país. En la historia china, cada dinastía estaba basada y gobernada por virtudes y moralidad. El foco principal en la vida era pensar en otros primero y siempre mirar hacia el interior para ver cómo ser mejor. La meta principal en la vida era fortalecer el espíritu, iluminarse a la verdad y regresar el cuerpo y mente a la esencia original verdadera. Los principios profundos de Falun Gong me dieron el poder de tomar elecciones más puras en mi vida y de brindar los principios, Verdad – Compasión - Tolerancia, a mi familia. Siento que he encontrado verdaderamente el sentido de mi vida y las respuestas a los misterios de la vida al practicar Falun Gong. Para mí, juntó todas las piezas del rompecabezas.

Persecución a Falun Gong

Falun Gong se expandió rápidamente en China, y en 1999 las estadísticas de la Oficina de Educación Física de China mostraron que habían más de 70 millones de personas practicando Falun Gong. El líder del Partido Comunista, Jiang Zemin, se sintió amenazado por el creciente número de personas y por su lealtad hacia algo más que la ideología del Partido Comunista. El 20 de julio de 1999, él ordenó una brutal persecución contra Falun Gong (informe). De la noche a la mañana, esos 70 millones de personas, incluida yo, nos convertimos en “el enemigo del pueblo” y “seguidores de una religión malvada”.

Mi vida estaba a punto de experimentar otro giro dramático – tan lleno de dificultades que nunca me habría imaginado.
Al continuar la persecución contra Falun Gong, los medios fueron saturados con mentiras y propaganda. Para justificar la persecución, se usaban todo tipo de crímenes cruentos (inmolación, suicidio, homicidio) para incriminar a los practicantes de Falun Gong. La propaganda sensacionalista, diabolizando a Falun Gong, penetraba todo el país. Era como revivir la Gran Revolución Cultural – sólo que peor.

Arrestada tres veces

“Los recuerdos de los tiempos de mi padre en prisión regresaron a mí como un mal sueño. Aquí estaba yo, con 46 años de edad, encarcelada por mis creencias, tal como él había estado”.
La súbita persecución de Falun Gong me aturdió, lo mismo que a todos mis amigos, entonces fui a la Oficina de Apelaciones local – siguiendo el derecho legal garantizado por la constitución china de registrar las apelaciones con el gobierno. Pero rápidamente supe que esos derechos no se aplicaban a los practicantes de Falun Gong. Irónicamente, esas Oficinas de Apelaciones se convirtieron en centros de detención, donde en cambio fueron detenidos todos los practicantes que fueron a apelar en contra de esa viciosa persecución. Yo fui arrestada tres veces. La primera vez en Beijing, en enero del 2000 – donde me ordenaron firmar una promesa de no regresar a Beijing a organizar apoyo para Falun Gong. Rehusé firmarlo, de modo que los guardias ordenaron a los presidiarios a que me golpearan. El segundo arresto fue en julio del 2000, por fotocopiar volantes de Falun Gong.

Los oficiales de policía me golpearon repetidamente intentando averiguar para quién eran los volantes. A pesar de las calumnias viciosas en contra de Falun Gong, me mantuve firme en mis creencias y decidí ayudar a revelar los hechos de la persecución a las personas quienes habían sido engañadas por la propaganda del gobierno.


“Los practicantes de Falun Gong fuimos golpeados rutinariamente y azotados, amarrados con cordeles o colgados desde el techo, aplicado descargas eléctricas, forzados a sentarnos desnudos en sillas de hierro, o violados por los hombres criminales.”
Otros practicantes y yo preparamos más de 100.000 volantes, en octubre del 2000, explicando la verdad acerca de Falun Gong. Con la ayuda de otros practicantes, nosotros distribuimos los volantes en toda la provincia. Personas que antes habían creído en la propaganda de pronto entendieron los hechos de la persecución. Lo que más temían las autoridades, era que los hechos se revelaran, particularmente Luo Gan, el líder más poderoso en el gobierno central a cargo de la Oficina "6-10" -- una entidad tipo Gestapo del gobierno a cargo de perseguir a Falun Gong. Yo fui ubicada en la “lista de los más buscados”, y mi nombre y foto fueron exhibidos por todos lados con una recompensa de 50.000 Yuanes ofrecida a cambio de información que resultara en mi captura.

El 26 de julio del 2001, fui al banco a girar mi dinero y fui arrestada por tercera vez. La policía confiscó US$ 50.000 de mis ahorros y congeló mi cuenta bancaria. Los recuerdos de los tiempos de mi padre en prisión regresaron a mí como una gran pesadilla. Aquí estaba yo, con 46 años de edad, encarcelada por mis creencias, tal como él había estado.

Campo de Trabajos Forzados Wanjia

En noviembre del 2001, fui transferida desde el segundo centro de detención al campo de trabajos forzados de Harbin, Wanjia, afamado por su brutalidad hacia los practicantes de Falun Gong. Todos los practicantes detenidos en el centro de detención o en campos de trabajos forzados debían tolerar lavados de cerebro. Cada día, debíamos sentarnos en una posición y mirar la propaganda anti Falun Gong en televisión o escuchar a los guardias durante 8 horas. Nadie podía moverse. Algunas veces, las sesiones de lavado de cerebro duraban días y no se nos permitía dormir durante todo ese tiempo. A menudo, ni se nos permitía usar el baño. Además de los intensos lavados de cerebro y privación de sueño, los practicantes de Falun Gong fuimos golpeados rutinariamente y azotados, amarrados con cordeles o colgados desde el techo, aplicado descargas eléctricas, forzados a sentarnos desnudos en sillas de hierro, o violados por los hombres criminales.

La mayoría de los practicantes de Falun Gong rehusaron abandonar sus creencias. Alguno de ellos, incluida yo, hicimos huelgas de hambre para protestar nuestro arresto ilegal, la inhumana tortura y persecución.

Brutal alimentación forzada

“Después de cada alimentación forzada, mi boca se llenaba de sangre y mi cuerpo se cubría de magulladuras…

Siempre supe que si escribía una simple carta denunciando a Falun Gong… sería liberada inmediatamente."

Recuerdo claramente mi primera huelga de hambre en el centro de detención de Harbin. Para obligarme a comer, los doctores del centro de detención de Harbin usaron grapas de metal para palanquear mis dientes y así introducir a la fuerza un tubo ancho de goma en mi estómago. Mi boca se llenaba de sangre y mi cuerpo se cubría de magulladuras después de cada alimentación forzada. Varias personas estaban ahí para golpearme y subyugarme a esta alimentación forzada. Ellos vertían en mí dos grandes tiestos de agua fría mezclada con harina de maíz, diciendo que era para “estirar el estómago”. Cuando yo gritaba, los policías se asustaban que otros me oyeran. Ellos obligaban a los reclusos a amordazarme y a seguir golpeándome más.

La alimentación forzada del Campo de Trabajos Forzados de Wanjia era aún más violenta y cruel. Ahí, los doctores usaban la alimentación forzada como método de tortura y no les importaba si los practicantes sobrevivían o no.

Antes de alimentarme a la fuerza por la primera vez, vi como Shang, una practicante de Falun Gong, era tomada por el cabello y golpeada en la cabeza contra la pared y el piso. Cuando finalmente quedó inconsciente, introdujeron un tubo por su nariz a la fuerza para alimentarla también a la fuerza. No había esterilización – ellos simplemente cepillaban el tubo en un tiesto luego lo forcejeaban por su nariz y hacia su estómago. Luego le inyectaban granos de maíz molido mezclados con agua fría.

Después de terminar con ella, los dos doctores de la prisión se dieron la vuelta y me miraron. Se pararon con sus fórceps y herramientas en las manos y dijeron, “¿Viste eso? Tú eres la siguiente”. Desde ese entonces, fui sujeta cada día a ese tipo de alimentación forzada en la prisión.
Ellos nos golpeaban al punto en que quedar perder la conciencia antes de atarnos por los brazos y piernas y e introducir los tubos por nuestras narices hasta nuestros estómagos. Nos amarraban para evitar que nos sacáramos los tubos debido al agudísimo dolor.

En una ocasión vi como alimentaban a la fuerza a una practicante llamada Minxia Guo. La enfermera la tomó del cabello a Minxia y le pellizcó la cara y el cuerpo. Ella quedó amoratada por todas partes. El cuerpo le comenzó a dar tirones ligeros. Cuando maldije a los guardias y doctores por lo que estaban haciendo, ellos vinieron a donde mí y me golpearon también.

Un día, en la custodia de mujeres, escuché el llanto desesperado de un hombre. Era el esposo de una practicante de Falun Gong llamada Yanhong Ding. El había suplicado poder verla, y cuando finalmente le permitieron entrar, ellos la alimentaron forzadamente al frente de él. Este hombre gritaba terriblemente mientras su mujer luchaba con el dolor.

“Cuando los hombres y mujeres buenos renuncian a sus creencias bajo la presión de una dictadura, algo más grande que nosotros muere.”
Siempre supe que si escribía una simple carta denunciado a Falun Gong, denunciando sus enseñanzas y prometiendo no practicar nunca más, sería liberada inmediatamente. Pero, si era incorrecto creer en “Verdad-Compasión-Tolerancia,” ¿qué esperanzas tiene la humanidad? Esta persecución estaba obligando a la gente a elegir entre sus vidas y sus conciencias. Sabía que estaba obligada a hacer esa elección y elegí lo que estaba en mi conciencia porque sabía que cuando los hombres y mujeres buenos renuncian a las creencias sanas y saludables bajo la presión de una dictadura, algo más grande que nosotros muere.

Tortura en el hospital del campo de trabajos

Debido a las sucias condiciones del campo de trabajos, muchos practicantes desarrollaron costras purulentas. Aparecían quistes de pus y sangre por toda su piel. Las peores eran tan grandes como un durazno. Durante el día las heridas descargaban pus continuamente y mucosidad. Por la noche picaban tanto que era imposible dormir.

Cada practicante que desarrollaba costras era enviado al hospital dirigido por el campo de trabajos forzados – pero no era para tratamientos médicos. Cuando los practicantes llegaban al hospital, los metían dentro de una pequeña pieza encerrada, donde eran obligados a permanecer en el suelo. Los doctores solían quitarles violentamente sus ropas, y usaban afilados cuchillos de acero o cucharas de metal para raspar los quistes de pus. Ellos raspaban las cucharas de adelante hacia atrás por la carne y la sangre, mientras el practicante en el suelo gritaba de dolor.

Cuando terminaban de escarbar, obligaban al practicante a pararse contra la pared para que pudieran limpiar la sangre de sus cuerpos. La llave de la cañería no era agua corriente, era un agua sucia, congelada y llena de moho.

“Los guardias decían a los practicantes que si ellos morían por los golpes, sería considerado como un suicidio y que sus cuerpos serían cremados inmediatamente”.

Recuerdo que vino un nuevo doctor a la prisión – un graduado universitario. Cada vez que trataba a un practicante, él seguía el procedimiento correcto para punzar y limpiar cada vesícula. Cuando el jefe del Hospital Wanjia vio lo que él hacía, lo empujó hacia el lado, tomó una cuchara de acero y comenzó a usarla para escarbar los quistes de pus.

Este tipo de “tratamientos médicos” asesinos, se repetían cada ciertos días junto con las diarias golpizas y alimentación forzosa por la nariz.

Cualquier practicante torturado hasta la muerte sería considerado un suicidio

Después de tolerar tal tortura, muchos practicantes terminaban en el abismo de la muerte. Desde el inicio de la persecución, yo sé de por lo menos 8 practicantes quienes fueron torturados hasta la muerte en el Campo de Trabajos Forzados de Wanjia. Los guardias les dijeron a todos los practicantes que si ellos eran golpeados hasta la muerte, sería considerado un suicidio y que sus cuerpos serían cremados inmediatamente – antes de informar a los familiares, para que no hubiera evidencia de torturas.
Aunque viví a diario en este horror, estaba resoluta a sobrevivir sin comprometer mis creencias.


Un esfuerzo para permitir al mundo exterior saber sobre la persecución

En muchas ocasiones, mi esposo e hijo imploraron y rogaron a los guardias que les permitieran visitarme, sin resultados. A los familiares de los practicantes de Falun Gong no se les permitían derechos de visitas.


Las hermanas de Yuzhi, viéndola salir hacia Canadá en el Aeropuerto Internacional de los Emiratos Árabes Unidos, el 10 de noviembre del 2002.
En una ocasión, durante mi huelga de hambre, estaba tendida en una cama del hospital del campo de trabajos. Por la ventana que daba a la calle, pude ver a mis familiares parados en la puerta, rogando a los guardias que los dejaran entrar.

En otra ocasión, mis dos hermanas menores vinieron del extranjero a visitarme. Ellas se pararon en la puerta, llorando y rogando que las dejaran entrar, y rehusaron irse. De pronto comenzó a llover. Ellas se cubrieron sus caras con el impermeable y pasaron derecho por la guardia de seguridad, y rápidamente corrieron hacia el hospital. Entonces ya hacía 50 días que yo estaba en huelga de hambre.

Cuando las vi, de algún modo encontré la fuerza para salir de la cama. Salí por la puerta y me tomé de la baranda del corredor con todas mis fuerzas. Miré a mis hermanas menores. Cuando ellas vieron cuan enflaquecida yo estaba, comenzaron a llorar fuerte en el corredor. Yo también lloré. Les dije, “¡Ustedes necesitan contactar a las organizaciones internacionales para hacerles saber al mundo lo que me está sucediendo!”

En marzo del 2002, comencé a escribir cartas en papel higiénico dentro del campo de trabajos, a la Oficina de Justicia de Harbin, al Departamento de Seguridad Pública de Harbin y al Ministro de Seguridad Pública Provincial. Cada carta que escribí medía cinco pies de largo. En varias ocasiones casi fueron confiscadas por el carcelero.

El día después que terminé las cartas, algunas personas de la Oficina de Justicia vinieron a inspeccionar el campo de trabajos. Cuando vinieron a mi custodia, personalmente les pasé las cartas a ellos.


Liberada finalmente

Después de nueve meses en prisión, mi salud se había deteriorado tanto que ni siquiera me podía sostener de pie. Mis ojos y nariz estaban ulcerados con sangre y pus por la alimentación forzada y mi vista casi no existía. Mi huelga de hambre duró más de 100 días. Hacia el final, mi nariz estaba tan inflamada que los doctores ya no podían forcejear los tubos en ella. Estaba a punto de morir, y los doctores lo sabían. Ellos llamaron a mis familiares y les dieron la responsabilidad de alimentarme hasta que estuviera nuevamente sana.

Cuando en mayo del 2002 fui finalmente liberada, había permanecido en prisión durante nueve meses. Nueve meses que parecían una eternidad… Sentía como si hubiera emergido del infierno.

Inmediatamente después de mi liberación, comencé a practicar los ejercicios de Falun Gong de nuevo. Mi cuerpo y ojos se recuperaron rápidamente. Cuando la policía se dio cuenta que nuevamente estaba saludable, ellos quisieron enviarme de vuelta al campo de trabajos.

Para evitar más persecución, en junio del 2002 fui a visitar a mi familia a los Emiratos Árabes Unidos. En mi viaje, utilicé cada oportunidad que tuve para decirle a la gente china en los aeropuertos acerca de la verdad de la persecución. Eventualmente, alguien de la Embajada China me vio y persuadió a la policía local para que me arrestaran, diciéndole que yo era una criminal peligrosa. La Embajada China le pidió a los Emiratos Árabes Unidos que me deportaran a China. Milagrosamente, a través de un esfuerzo incesante de los practicantes Canadienses de Falun Gong y del Gobierno de Canadá, me otorgaron un permiso para trasladarme a Vancouver, Canadá en noviembre del 2002 para permanecer junto a mi hijo. Los esfuerzos de rescate de los Canadienses probablemente salvaron mi vida.

Lo que he experimentado en los años pasados, es una pesadilla. Aunque la pesadilla para mi ya terminó, aún hay cientos de miles de pesadillas sangrientas como la mía, aun existiendo en China. Espero que al publicar mi historia, pueda ayudar a poner fin también a esas pesadillas.
Yo atribuyo mi habilidad de sobrevivir las horrorosas torturas a que los principios de Falun Gong ‘Verdad-Compasión-Tolerancia’ existen en lo profundo de mi corazón, más allá del alcance de cualquier bastón, más allá del alcance del puño de un guardia. La propaganda de mentiras y difamaciones se disuelven cuando enfrentan la verdad. La brutalidad y la tortura no son compañeras de la compasión. La violencia y el odio no pueden penetrar la tolerancia.
Durante nueve meses, ellos intentaron hacerme creer que estos principios no son verdaderos. Ellos fracasaron.

Siento que la verdadera libertad no se obtiene externamente, sino internamente en ‘Verdad-Compasión-Tolerancia’. Al enfrentar torturas extremas y la persecución, los verdaderos practicantes de Falun Gong pueden soportar lo inimaginable – incluso hasta el fin de sus vidas – para defender un bien común más grande que nosotros mismos: los principios universales de ‘Verdad-Compasión-Tolerancia’.

Actualmente, Yuzhi Wang está viviendo en Vancouver con su hijo, bajo Permiso del Ministerio para Canadá. Dedica su tiempo a informar a la gente acerca de la persecución en contra de Falun Gong en China.
En mayo del 2002, cuando la Señora Wang fue liberada del Campo de Trabajos Wanjia, fueron verificados por el Centro de Información de Falun Dafa los informes de ocho practicantes de Falun Gong muertos por severas torturas en ese campo de trabajos. Desde su liberación, otros seis han sido reportados muertos en el interior del Campo de Trabajos Wanjia.
Para coordinar una entrevista con la Señora Wang, por favor contactese en Canadá con Cindy Gu +1 647-999-8530 o con Joel Chipkar +1 416-709-8678.

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